viernes, 13 de noviembre de 2015

Qué se siente al tener una idea

Clarin.com Opinión 16/10/15

Fernando Sendra,

pasiones argentinas

Yo estaba pelando una naranja cuando de repente sentí, claramente, que una idea trepó por mis tobillos, subió todo a lo largo de mi pierna y como si conociera mi anatomía palmo a palmo subió por la ingle, la curva del ombligo, el costillar, mi prominente esternón, la clavícula y luego metiéndose hacia adentro continuó por el músculo esternocleidomastoideo. Después cruzó a lo largo de la glotis, se insertó entre mis cuerdas vocales y casi como si fuera un alarido quise gritar “¡Tengo una idea!” Se la veía venir junto a la carótida, y subió a contramano del flujo de sangre que iba de regreso para el cubre. Meta bomba el corazón, meta bomba, pero la idea no aflojaba y aunque venían todos los glóbulos en contra, más las plaquetas y las ciento ochenta boludeces que tengo en el torrente, entre todas no lograban detenerla. Subía irresistible, como Tarzán entre las lianas, como Atila apoderándose de Europa, como una mujer con minifalda. Luego, el gran salto. No sé cómo, pero pasó de la carótida a la oreja, y por el oído, al fondo, se mandó hasta la garganta y por el nervio de una muela que me dolió como el carajo ingresó al sistema central, empalmó de algún modo con el ojo y se mandó derecho hasta el fondo del marote.
Y ahí sí, tuve una idea. Yo que jamás tuve ninguna, esta vez tuve una idea fabulosa. Comparable al motor a explosión, a los relojes o a una cosa así de grande, extraordinaria.
Me pasó hace unos días, justo cuando empezaba el último programa de Tinelli y entonces me distraje. Ojalá que un día me acuerde de mi idea.

Fernando Sendra fernandosendra@clarin.com

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