lunes, 22 de abril de 2013

La extraña política de importar y cortar la luz

POR ALCADIO OÑA

El importador. Roberto Baratta, segundo del ministro de Planificación, Julio De Vido. /EFE

21/04/13 – Clarin

Cuanto menos curiosa fue la respuesta que el segundo de Julio De Vido le dedicó, el lunes pasado, a un especialista del PRO. “Los que critican la importación de energía sueñan con rebobinar a la Argentina al momento cuando era exportador neto a costa de la desaparición de la industria”, sostuvo Roberto Baratta.

Curiosa, porque la importación de gas natural y licuado y combustibles representa una factura costosíma y creciente, que igual a un pacman come dólares escasos.

Curiosa, también, porque el cepo cambiario y la interminable cadena de restricciones que le siguieron apuntan, entre otras cosas, a preservar las divisas necesarias para traer de afuera la producción que aquí falta.

“Algunos pretenden tapar el sol con una falanje”, arremetió Baratta contra los críticos de la gestión oficial.

Los bríos del funcionario quedan a la intemperie con sólo mirar las cuentas del INDEC, los cálculos privados y las urgencias de Guillermo Moreno. Y dejan al descubierto que su objetivo consiste en importar confusión.

Pese a que fue un año de estancamiento económico, en 2012 las compras de gas y combustibles escalaron a US$ 9.266 millones, casi lo mismo que en 2011. Así, el déficit del balance comercial del sector sumó US$ 2.738 millones. No hay con qué darle a semejantes números, ni relato que valga.

Un escenario aún peor proyectan, sobre 2013, las primeras estimaciones privadas.

Empiria Consultores pone nada menos que 13.000 millones de dólares en la cuenta de importaciones, incluído el faltante de combustibles provocado por el incendio de la destilería de YPF en La Plata.

Consecuencia adicional, el desequilibrio en el balance de divisas llegaría este año a US$ 7.000 millones.

Otras estimaciones levantan el déficit a 7.600 o hasta 8.000 millones de dólares, si la economía creciera un 3,5%.

Y las más moderadas hablan de US$ 4.000 millones. Entre la punta y base, salta un plus que va de 1.200 a 5.260 millones sobre el resultado del año pasado: a este paso, no habrá plata que alcance.

Mayores o menores según cada cual, por donde se mire asomancostos y dependencia del exterior siempre en ascenso. Moreno no puede torcer la pertinaz caída de la producción de petróleo y gas y de las reservas de hidrocaburos, que anidan en la base de la crisis energética.

Así, a falta de mejores armas, su idea fija es cuidar las divisas imprescindibles para tapar agujeros que tomaron forma de estructurales. Se entiende, luego, que hace meses haya puesto la lupa en esas cuentas y reciba reportes diarios del hombre a cargo de la mesa de operaciones del Banco Central.

Moreno tiene motivos de sobra para andar a las corridas. Justo cuando más las necesita, el BCRA sigue perdiendo reservas en cantidad: US$ 3.000 millones en lo que va del año. Cayeron al nivel que había en mayo de 2007 y no hay manera maquillarlas. Sólo queda apretar a los exportadores de soja, una gimnasia habitual en el funcionario.

Un cuadro semejante barre con las expectativas de que el secretario de Comercio deje de pisar el resto de las importaciones o afloje el grifo de la transferencia de utilidades al exterior. Casi previsible, también pueden sobrevenir otras medidas que endurezcan el cepo cambiario.

Sería toda una incomodidad que, en las vísperas de las elecciones, el Central entrase en zona de riesgo. Para evitarlo, precisa reservas como el agua.

Mientras tanto, el reloj de la crisis energética sigue su marcha.

Datos del sector señalan que en marzo la importación de gas natural desde Bolivia aumentó un 99% respecto del mismo mes del año pasado, y 126% contra marzo de 2011. Para el gas licuado, que llega en barco y es transformado aquí en gas natural, los números cantan 23 y 86%, respectivamente. Encima, todo carísimo.

Para que se entienda mejor, el 23% del gas que se consume en el país viene de afuera. Ya es imposible encubrir un panorama que va de mal para peor, ni achacar a otros lo que pasa después de diez años en el gobierno.

La estatización de YPF vino revestida con el argumento de que era para recuperar el autoabastecimiento, que, por otra parte, desapareció durante la era K. Sin embargo, según el Instituto General Mosconi, en el último cuatrimestre de 2012 su producción de petróleo retrocedió 5,2% y un 3% la de gas. Esa tendencia continúa en los primeros meses de este año. Y no existen fantasmas ocultos: los datos provienen de laSecretaría de Energía de la Nación.

Los agujeros de la estructura conviven con empresas en cesación de pagos, “la industria” que Baratta quiere proteger. Y le ponen una barrera al avance de la economía, o, dicho de otra manera, a mayor actividad productiva mayor necesidad de aquello que falta. Sería una verdadera paradoja tener que conformarse con un crecimiento modesto.

Y es toda una rareza pretender que los cortes de luz y gas y las importaciones pueden ser una política o algo digno de encomio. Son, limpiamente, el correlato de la ausencia de políticas y del parche sobre parche. Igual que la insostenible, sospechosa montaña de subsidios acumulada estos años.

Llegado este punto, no se trata de rebobinar nada, ni hay ideologismos que sirvan. Lo que ocurrió fue una notable descapitalización del país, que en toda la línea saldrá muy costoso remontar: le toque a quien le toque.

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