jueves, 24 de abril de 2014

UCRANIA

¿A quién corno le importa Ucrania?

POR MARCELO A. MORENO – Clarin
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23/04/14 – Clarin

El mundo anda medio conmocionado y mira con profunda preocupación cómo Rusia trata de masticarse al menos parte de Ucrania, con el objetivo indisimulado de desmembrarla. De un día para otro el zar Putin se deglutió Crimea, como Hitler había capturado la región de los Sudestes de Checoslovaquia en 1938 y recurriendo a la misma excusa: proteger a la población de su país asentada allí. Como a Hitler, la anexión le salió gratis. Tardaría apenas un año en devorarse Checoslovaquia.

Putin por estos días colocó 40 mil soldados en la frontera oriental de Ucrania mientras fueras prorrusas desestabilizan a los gobiernos locales de la región. Sus razones tiene: Rusia se originó en el Rus o Principado de Kiev, fundado por los vikingos varegos. Es decir, que el principio de Rusia estuvo en Ucrania.

No se trata, claro, de un conflicto menor. Según coinciden los analistas internacionales, es el despertar de la tradición imperial rusa luego de la desintegración de la URSS.

Sin embargo por estos barrios la noticia no mide. No llega a las tapas de los diarios ni a los titulares de los noticieros ni a los cabezales de las Webs de noticias por un evidente desinterés por parte del público.

Y no lo es. Vivimos en un planeta globalizado, pero nada parece sacarnos de nuestro ensimismamiento, una especie de profunda y sombría vocación insular, quizá víctimas de una geografía que nos colocó en las asentaderas del mundo.

Por eso nos interesa más, mucho más, la separación de Rial, el matrimonio de Wanda Nara o la vuelta de Tinelli que la posibilidad -remota pero cierta- de que se desencadene una Tercera Guerra Mundial.

Pero, además, vivimos en una sociedad estresada, en la que es necesario cuidarse al máximo tanto de la inseguridad como de la inflación, no sea cosa de perder la vida o la billetera o ambas, en casos extremos. Y donde lo imprevisto -desde los piquetes hasta el decreto más arbitrario- es ley.

Y todo regido desde el elefantiásico Estado por un gobierno que en su largo fin de ciclo regurgita un relato cuyo contenido ficcional resulta de una agobiante obviedad.

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