lunes, 21 de abril de 2014

¿Seguiremos el modelo de Noruega o el de Nigeria?

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POR GUSTAVO SIERRA

Los escandinavos tienen un fondo para las futuras generaciones. La riqueza de los africanos se la lleva la corrupción. El campo de gas y petróleo de Neuquén ya está en producción sin debate y con denuncias.

IMÁGENES

Explotación petrolera en la zona de Vaca Muerta, Provincia de Neuquén. Técnica de fracking, conflicto con los mapuches y crecimiento de Añelo. (Fotografías Ricardo Cárcova /Enviado Especial)

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LOMA LA LATA, NEUQUEN. ENVIADO ESPECIAL - 20/04/14

El desierto fértil de los dinosaurios y el petróleo se abre para que el trepanador de la torre 310 del espacio de producción Loma la Lata 720 pueda llegar hasta los 3.000 metros de profundidad. Allí, comienza el reino de una enorme formación rocosa de 30.000 kilómetros cuadrados, hasta hace poco desconocida y ahora convertida en la vedette de la posible transformación económica de Argentina. La roca esponjosa de Vaca Muerta, que encierra en su interior gas y petróleo de la mejor calidad, va cediendo ante la presión que ejerce el chorro de agua y arena que le lanzan desde la superficie. Y en unas horas comienza a desprenderse de una sustancia negro-anaranjada y de gases. Ahí, desde la profundidad de la pampa patagónica, está surgiendo una riqueza inédita para el país. Se calcula que constituyeentre 24 y 100 veces el volumen actual de la economía. Otros, aseguran que se trata apenas de un nuevo buen negocio para unos pocos. Pero lo cierto es que Vaca Muerta, el yacimiento gasífero y petrolero más importante de la Argentina, está en plena producción con 148 pozos abiertos y 13.000 barriles diarios. Y a pesar de esto la sociedad no debate qué hacer con esta nueva riqueza que nos está bendiciendo a los argentinos.

¿Qué modelo vamos a adoptar para administrarla y distribuirla?

¿Haremos como Noruega, que retiene una porción importante de las ganancias y las invierte para las futuras generaciones, o seremos como Nigeria, donde los enormes recursos que genera el petróleo desaparecen por la corrupción y los enfrentamientos entre facciones?

Pablo Iuliano, 42 años, y Pablo Bizzotto, 40, son los ingenieros de YPF que están a cargo de la explotación de Loma la Lata. Conocen perfectamente esta geografía de horizontes largos, vientos extremos y arbustos amarillos. Ambos se criaron entre Neuquén y Río Negro. Coordinan a decenas de empresas internacionales que dan servicios, y la superficie de dos kilómetros cuadrados –pronto se extenderá a 200 km cuadrados– que se explota, por un controvertido acuerdo del queaún no sabemos todo su alcance, junto a la estadounidense Chevron. Ahora están sobre la plataforma Nabors de última generación que se mueve en todas las direcciones a un metro por hora sin que se necesite desmontar la torre. Cada 18 o 20 días harán un pozo, se moverán 30 metros y abrirán otro.

Con esta maniobra, en la forma tradicional de explotación, se podía llegar hasta la zona en que había quedado la laguna de petróleo y la presión del mismo lo lanzaba hacia la superficie. Con el nuevo método del “fracking”, el trepanador llega hasta la roca madre, que tiene el combustible encerrado a 3.000 metros. Luego, vienen unos 20 camiones con máquinas de presión que lanzan al pozo agua, arena y un químico viscoso que le da consistencia para fracturarla y extraer los hidrocarburos. “Esa mezcla de gas, petróleo y agua va por estos caños hasta un separador –explica el ingeniero Iuliano– y desde allí se envía cada fluido por oleoductos a una planta cercana y a otra en Mendoza, y el gas va a la petroquímica de Bahía Blanca”.

Para llegar a Loma la Lata hay que hacer unos 100 kilómetros por la ruta 7 desde la ciudad de Neuquén hasta la pequeña ciudad de Añelo, un pueblo que dormía la siesta hasta hace unos pocos meses y que ahora vive el vértigo de una película de super acción. De allí hay que subir la barda para adentrarse en esa pampa pinchada por decenas de torres. Muy a lo lejos se visualizan dos o tres llamas de las plantas separadoras. Aquí trabajan unas 900 personas. Muchos viven en los trailers diseminados por los campos de producción. Otros llegan cada mañana en las combis que vienen desde Neuquén y muchos más en los cientos de camiones y camionetas último modelo que circulan por los caminos abiertos entre chañares y coirones trayendo agua, arena, insumos químicos y alimentos.

Añelo es el primer pueblo en sufrir esta “invasión”. Sigue sin tener un hospital, apenas cuenta con una sala de primeros auxilios y unos containers que donó una empresa petrolera para que atiendan unos médicos especialistas que vienen una o dos veces por semana. Perotiene un casino, un “deli” de estilo neoyorquino frente a la única estación de servicio y un sofisticado hotel, el “Sol del Añelo”, con 75 camas, comida casera y excelentes vinos regionales. “Sí, pero todo carísimo. Está hecho para petroleros. Nosotros seguimos ganando una miseria. Se habla de miles de millones de dólares y nosotros acá no vemos ni centavos ”, se descarga Carmen, una maestra jubilada que vive en una casita sin revoques, lejos de la única calle asfaltada. El intendente, Darío Díaz, no está. Viajó a Estados Unidos, nos dice su hermano, “para presentar el Master Plan”. Fue invitado por un conglomerado empresarial estadounidense conocido como Club del Petróleo. En realidad, el plan que contempla la planificación y remodelación de todo el pueblo –hasta hace poco tenía 5.000 habitantes y ahora ya nadie sabe exactamente cuántos, pero son muchísimos más– y que fue elaborado por YPF con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo. “Estamos trabajando para que Añelo y cualquier otro pueblo que se forme alrededor del yacimiento tenga un crecimiento planificado y sustentable ”, asegura el jefe de Relaciones Institucionales de YPF, Gonzalo López.

Para Mabel Maripe, la “inan lonko” (segunda al mando) de una familia mapuche de Añelo, todo eso es “futurismo”. “Lo que vemos hoy es un incremento enorme del alcohol y las drogas que nosotros no conocíamos acá. Ya trajeron varias mujeres dominicanas que se prostituyen. Por ahora, ése es el modelo que vemos”, dice mientras caminamos entre plantas de alpataco y piedras coloridas bajo un cielo negro de tormenta.

Hablo por teléfono con el gobernador neuquino Jorge Sapag. Está camino a Houston, donde intentará aumentar los 6.000 millones de dólares de inversiones que tiene prometidos hasta el 2016 y tentar a Exxon, la petrolera más grande del mundo, para que venga a Vaca Muerta. “Es esencial entender que esto puede transformar definitivamente a la provincia y al país”, dice. Y cuenta que tiene dos proyectos en la legislatura provincial para un desarrollo sustentable, uno de cuidado del medio ambiente que obligará al tratamiento de todas las aguas utilizadas en la explotación del shale y otro de responsabilidad social de las empresas. “No sé si esto nos convertirá en Noruega, pero ese es el ejemplo que me gustaría seguir”, se anima el gobernador, aunque reconoce que su mayor desafío será el de la “expectativa ”. “Ahí está la clave, –dice Sapag, el último de una dinastía de caudillos que gobiernan Neuquén desde hace 50 años– en administrar la expectativa que genera Vaca Muerta y tratar de que no haya desequilibrios económicos pronunciados”.

Uno de los empresarios más destacados de la provincia con intereses en la floreciente industria vitivinícola cree que todo esto forma parte de “otro relato”. “Mientras Vaca Muerta ya está en producción acá no se invirtió ni un peso en infraestructura. Los caminos están todos rotos por el enorme peso de los camiones. Hay que hacer rutas especiales, hay que planificar muy bien el uso del agua, hay que crear condiciones para que la economía petrolera no reviente al resto de la sociedad, y nada de todo eso se está haciendo”, cuenta en voz baja en el lobby del hotel Suizo. “Tenemos mucha suerte de ser bendecidos por esta riqueza pero lo vamos a hacer como todo en la Argentina, a la desesperada y plagada de corrupción ”, se indigna. Otro empresario de la construcción que invita a comer un corderito asado en su casa de Cipoletti, por la ruta 22, no deja de hablar toda la noche del famoso “diego” (diez por ciento) que debe pagar si quiere participar de cualquier emprendimiento estatal. Aunque, a veces, ni siquiera ese “retorno” es suficiente. “Gané una licitación importante de infraestructura. Al otro día me llamó un funcionario desde Buenos Aires para decirme que me tenía que bajar porque esa licitación no era para mí. Lo planteé acá en la provincia y me dijeron `me estás metiendo en un problema político’. Dos días más tarde tenía inspectores de todos los organismos posibles dentro de mi oficina. Tuve que olvidarme de la obra para que me dejaran en paz. Si ese es el modelo que vamos a tener en Vaca Muerta,estaremos desaprovechando una vez más la gran oportunidad que tenemos entre manos”, comenta el empresario que por obvias razones no quiere ver su nombre impreso.

La diputada provincial por la Coalición Cívica-ARI, Beatriz Kreitman, también está indignada: “ Neuquén es la zona de sacrificio para solucionar la crisis energética del país. Y esta fue una decisión de la presidenta de la Nación y del gobernador de la provincia. A los neuquinos no se nos preguntó nada”. En uno de los descansos del magnífico edificio de la Legislatura, Kreitman habla del pasivo ambiental que dejó la empresa española Repsol cuando se rompió el acuerdo que tenía con YPF. “¿De qué sirve la riqueza material si vamos a tener anuestros pibes con petróleo en la sangre?

. El cuidado del ambiente no es algo que se tenga en cuenta. Es más, a los que pedimos que se controle nos llaman terroristas ambientales.” Pero Gustavo Nagel, el presidente de la empresa estatal GyP, creada para explotar 54 locaciones dentro de Vaca Muerta, asegura que las cosas serán diferentes esta vez. “Cuando tiene que desarrollar un proyecto de esta magnitud, una empresa no va a estar en una cuenca, en una ciudad y en una sociedad por dos años o tres. Tenés que quedarte 35 o 40 años. Esto crea un vínculo muy estrecho con la sociedad en la que se desarrolla. Sus directivos y empleados viven allí. Por lo tanto van a cuidar el lugar y tendrán una obligación muy profunda con esa gente”.

De regreso en Buenos Aires me encuentro con el economista Luis Rappoport, profesor de la universidad de General Sarmiento, quien ve un peligro latente de que Argentina pueda sufrir la llamada “Enfermedad Holandesa”, que son las consecuencias negativas que sufre un país cuando experimenta un crecimiento inesperado en sus ingresos en divisas. “La medida de lo que podemos ser con una riqueza como la que podríamos extraer de Vaca Muerta es la Argentina de la soja. Cuando pasamos de una soja de 140 dólares a otra de 520 o 530 dólares, lo manejamos en forma irresponsable.

No ahorramos una parte para las épocas de vacas flacas y se gastó en un clientelismo que provocó una bestial destrucción del mercado de trabajo y de las capacidades de los argentinos a través de los subsidios, en lugar de hacer una gran inversión en educación para que se modifique en serio la competividad de la Argentina”, explica Rappoport. Y agrega: “que nadie se crea que semejante masividad de ingreso de dólares significará que los argentinos nos volveremos ricos. Va a pasar como con el boom de la soja: algunos argentinos, y sobre todo los que manejan los resortes de poder, van a hacerse infinitamente ricos, junto a muchos chicos que seguirán en la extrema pobreza”.

“Tenemos que crear un grupo interdisciplinario de amplio espectro que estudie las consecuencias del impacto de semejante riqueza y cómo la vamos a distribuir”, es el llamado de otro economista, el profesor Ricardo Arriazu. Calcula que en los próximos años podrían entrar unos 20.000 millones de dólares anuales por las exportaciones de hidrocarburos y la sustitución de importaciones de gas. Una cifra que modificaría la matriz económica del país, que hasta ahora estaba basada en la producción agrícola de propiedad privada, atomizada y rentabilidad anual y que pasaría a un modelo estatal centralizado y de producción fluctuante. Para atenuar las consecuencias de todo este cambio, asegura el economista, habría que crear un fondo anticíclico y graduar la producción.

En Loma la Lata no se discute nada de todo esto. El campo está en plena producción y las empresas multinacionales deshojan sus opciones. Chevron renueva su contrato y traería otros 5.000 millones de dólares. Sobrevuelan los malayos de Petronas. Exxon evalúa con cuántos kilómetros cuadrados quedarse. YPF es presionada por el gobierno para mitigar la crisis energética lo antes posible, aunque trabaja pensando en los próximos 35 años. En tanto, el viento barre los rollos de coirones amarillos como en los pueblos del Far West. Las torres sacan esa riqueza que nos trajeron los dinosaurios y que, ahora, puede cambiarnos la vida a todos los argentinos o terminar en otra decepción. El gas y el petróleo que, según cómo los administremos, nos pueden convertir en Noruega o en Nigeria.

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