domingo, 15 de mayo de 2011
viernes, 13 de mayo de 2011
Humanos
"Las lauchitas"
Los seres humanos tienen virtudes, defectos y otras aptitudes y lo que vos quieras
En nuestro Club del Barrio – para los extranjeros, en Remedios de Escalada, Partido de Lanús, Prov. De Buenos Aires, Argentina – nos reunimos amigos y conocidos de todos los sexos de este Siglo XXI, sin distinciones de clases sociales, económicas, religiosas, sexuales y cualquiera que se te ocurra o exista
Todos opinamos de todo y de lo que venga a la mente y las neuronas del que inicia la conversación
También tomamos nuestras copas del líquido que también se te ocurra y también cenamos o comemos alguna exquisitez de las que abundan en nuestro Buffet
Nunca nadie se va “en pedo” beodo-o borracho para otras lenguas del mundo; sí a veces alguno un poquito mareadito o mareadita. En este último caso se trata de que no se note
Y a veces aparece alguna lauchita
Este es el tema de hoy
Lauchitas de esas que se cuelan en las estanterías de las casas más limpias del mundo
Y en las alacenas se alimentan de aquellas cosas que guardamos para futuras y ricas comidas, delicias de los habitantes de los hogares
En nuestro Club apareció Laucha E
Y que costumbre tenía
Les cuento
El Buffet tiene un mostrador-heladera, un espacio para el que atiende, y luego una puerta que lleva a la cocina. En esa puerta hay una cortina de tiras para permitir entrar y salir con las deliciosas delicias (¿) que nos confecciona la cocinera de turno
Agrego que socios y Comisión Directiva nos turnamos en esa atención a los parroquianos y parroquianas
Sobre el mostrador están ubicadas las golosinas para los pibes y pibas y las empanadas, además de otras golosinas
Qué hacía Laucha E
Cuando el bufetero se metía adentro de la cocina, para tomar los platos que le entregaba la cocinera, Laucha E tomaba una empanada de la bandeja y hacía una seña con su dedo índice, indicándole al amigo bufetero que se la anotase, para pagarle antes de retirarse del Club
Luego se iba hacia el baño
Podía esperar a que la empanada se la entregase el bufetero o ir primero al baño a hacer sus necesidades
En el baño lo encontrábamos, no haciendo sus necesidades, sino comiéndose la empanada
Que pasaba
El bufetero entretenido en retirar los platos que le entregaba la cocinera, no le veía ese gesto indicándole que se llevaba una empanada; y tampoco lo veía cuando se la estaba comiendo
Pero le salió mal
Uno de los bufeteros sospecho de una actitud suya, lo dejó tomar la empanada, vió el gesto que todos veíamos, que se preocupaba que todos viésemos menos el bufetero, y lo siguió hasta el baño
Le hizo pasar tanto mal rato con las cosas que le dijo, que Laucha E no vino más al Club
Ese día lo conocimos bien a Laucha E
Como me comentó un sociólogo en todos los grupos están todos los personajes de la vida. Y si uno se va, otro lo reemplaza
Y en el Club tenemos ahora a Laucha R
Pero esta laucha toma las cosas sin pagar de frente al bufetero
Tomá maníes, caramelos, soda y no paga
Son pequeñas porciones, que hasta le dan verguenza y un no se qué, pedirle el pago
Pero va a encontrar uno de los bufeteros que no se lo va a permitir más
Es una abuso que no sabemos adonde va a terminar
Es lo que nosotros llamamos el ventajero, el que pide cigarros y nunca invita
Se trata de eso
Veremos como termina esta otra laucha de la cocina y el buffet del Argentino de Lanús
Daniel H. Spagnolo
1 de Setiembre de 2008
miércoles, 11 de mayo de 2011
Amor Juvenil
El Falcon del amor
El Falcon estaba contra la vereda, inmóvil y cada vez más deteriorado
Estaba para tirarlo a la basura, que se lo lleven a un desarmadero y ver si quedaban piezas útiles para repuestos
Las llantas desinfladas y roídas por los ratones del Barrio
Las ventanillas con sus vidrios astillados y sucios
El Motor y sus partes principales faltaban
Estaba ….. allí
A veces los vecinos, limpios ellos, tiraban bolsitas de residuos. Al pedo porque el recolector pasa todos los días en Lanús, sin falta
El Falcon de Eustoquio no servía para nada
Eustoquio lo quería vender y nadie le daba dos centavos por el coche destartalado, incompleto, herrumbado, despintado, maloliente
Una porquería
Pero adentro tenía unos asientos grandotes, amplios, no muy deteriorados
Asientos casi de la medida de una cama simple
El delantero y el trasero
Se ve que la calamidad no llegó a deteriorarlos como a las otras partes del coche
Y esa tarde un pibe y una piba rondaban por la zona, conocidos ellos por todos nosotros
Ciprianito y Rosaurita
El de acá y ella de allá
Todos sabíamos de sus amoríos, que se amaban y querían mucho
Noviecitos de Verano, decían las comadres y abuelas de la cuadra
Hermosa parejas decían otros vecinos
Y una tarde el Falcón apareció con los vidrios de sus ventanas y ventanillas forrados con el diario de la Mañana. Ese periódico que ya habían leído todos los desocupados que paraban en la esquina de Eustaquio. Y que por esos años del 2000 fuimos muchos, más de treinta de todas las edades. Hijos de la depresión económica que nos llevaron los gobiernos de entonces, no hace mucho
Y al rato el Falcon comenzó a moverse como una licuadora pesada, ruidosa y desvencijada
Acompasados movimientos de cuna, dijo Chatito, con su sonrisa picarona y delatora de quien sabe que serie de T.V. de la tarde
Deben ser cómodos los asientos de la chatarra, dijo Angulo, siguiendo los agudos comentarios de los presentes
Nadie vió cuando entraron al vehículo . . . nadie de los allí presentes
Y las miradas socarronas y risueñas dejaron de verse, cuando por la vereda de enfrente, volviendo de su trabajo, pasó raudamente Don Nicasio el Padre de una de las criaturas que estaba adentro del Falcon
- Cobró vida la cucaracha de Eustoquio, como se mueve Ja Ja Ja Ja, comentó en voz baja, como para no molestar a los desconocidos habitantes de esos hierros ya calientes
y siguió ….. diciendo
- No les causa gracia, que están tan serios – requirió de la concurrencia –
Nunca supo el hombre que un familiar suyo era uno de los dos que producía esos movimientos acompasados y sensuales dentro de esa chatarra devenida en Hotel Alojamiento
Y se fue riendo a su casa
Al desaparecer de la vista de los desocupados y curiosos, ya en numero de 40 y pico, soltamos las carcajadas y nos metimos adentro del comercio más cercano, el de Eustaquio, haciendo cientos, miles de comentarios sobre esas palabras
Al rato el coche desvencijado no se movió más
Nunca nadie supo como entraron, cuando entraron y cuando salieron los amantes de esa chatarra famosa por esas horas de la tardecita
Siempre alguien vé ……. A través de las ventanas, de los visillos le dicen….
Pero no habló, mantuvo el secreto
Y las luces de la noche con sus faroles nuevecitos y la Luna plateada llenaron el espacio en la oscuridad de nuestro querido barrio del Sur del Gran Buenos Aires
Calucra
8 de Noviembre de 2008